La Radiónica y el código de barras

Hace tiempo que oímos voces que nos hablan de los perjuicios que pueden causar los códigos de barras, pero hasta ahora no había ningún estudio serio sobre el tema, o, si lo había, se mantenía cuidadosamente oculto y fuera del alcance del gran público. Sin embargo, los que estudian o aplican la Radiónica hace tiempo ya que sabían de problemas causados por este moderno sistema de codificación de productos y otros artículos.

Si bien comúnmente se dice que el código de barras, junto con el scanner de láser para su lectura, fue introducido en 1973 para codificar los precios de los infinitos artículos que se venden en los supermercados, hemos podido averiguar que ya en los años ’60 se desarrolló un sistema de circuitos láser para usos militares. En la actualidad estos circuitos comparan por medio de un laser la información contenida en los códigos de barras con la información almacenada dentro del ordenador.

Pero ¿qué es lo que causa perjuicio a los seres vivos? ¿es el código en sí, o es el lector láser? o ¿quizá son los dos, individualmente, y aumenta el perjuicio producido al combinarlos? Esto es lo que hemos tratado de descubrir, pero no es fácil. Ni es fácil tampoco encontrar un sistema para evitar o minimizar los perjuicios causados. Pero vayamos por partes.

El código de barras está compuesto de una secuencia numérica sobre la cual se sitúan una serie de barras negras y blancas de diferentes gruesos. Hay luego tres grupos de dos barras finas, mas largas que las demás (sobresalen por debajo) que dividen el código en dos grupos, el de la izquierda que representa el código del fabricante, y el de la derecha que representa el código del producto. En los productos de un mismo fabricante el grupo de la izquierda permanece invariable siempre, y solo cambia el de la derecha según el producto del que se trate. Separando estos dos grupos, y limitándolos por la izquierda y por la derecha, están los tres grupos de dos líneas iguales cada uno, que representan el seis, o sea: 6-6-6.

En el Apocalipsis 13, versículos 16 a 17, San Juan escribe: “A este fin él hará que todos los hombres, pequeños y grandes, ricos y pobres, libres y esclavos, tengan una marca en su mano derecha o en su frente, y que ninguno pueda comprar o vender, sino aquel que tiene la marca, o nombre de la bestia, o el número de su nombre.”

Efectivamente, cada vez se vuelve más difícil “comprar o vender” algo que no contenga el código de barras, aunque en realidad nunca hemos visto a nadie que lleve una marca ni en la mano ni en la frente.

Vale la pena remarcar que la palabra “marca” traduce la palabra utilizada en la versión griega del Apocalipsis, “charagma”, que viene del término “charax” que significa “palizada” es decir una defensa construida con estacas.1 Es curioso observar como la palabra charagma, utilizada por San Juan describe exactamente el actual código de barras, es decir una serie de líneas verticales, y el hecho de que estas líneas tengan diferentes gruesos no hace más que reafirmar la descripción de una “palizada”, donde no todas las estacas son igual de gruesas… como en el código de barras.

Según se puede leer en Internet, se ha inventado un sistema de barras para identificación y seguimiento de la policía, cuyo nombre es interesante: BEAST (o sea, bestia) – Bar coded Evidence Analysis Statistics and Tracking.

Un desarrollo reciente es una patente concedida en 1999 al inventor Thomas W. Heeter, bajo el título “Method for verifying human identity during electronic sales transactions”, cuyo resumen reza así:

“Se presenta un método para facilitar las transacciones comerciales por medios electrónicos. Se aplica un tatuaje de un código de barras o un dibujo al individuo. Antes de completar la operación de venta se escanea el tatuaje, y se compara el resultado con otros tatuajes almacenados en la base de datos de un ordenador para verificar la identidad del comprador. Después de la verificación, el vendedor será autorizado a cargar el importe correspondiente en la cuenta bancaria del comprador para completar la operación. De la misma manera se actualizará la cuenta bancaria del vendedor.”

Sobran los comentarios. Todo se está preparando para el advenimiento de… bueno, iba a decir “el fin de los tiempos”, pero confiemos que no se llegue a eso. Aunque no hace mucho leía de una discoteca de Barcelona que había empezado a implantar un chip subcutáneo en sus clientes, lo cual permitiría la selección automática de los que podían o no podían acceder a la tal discoteca.

En cuanto a los aspectos negativos para la salud de la proliferación de códigos de barras, un autor menciona a un paciente (un personaje público) que mostraba un crecimiento canceroso en su aura. Esto producía una situación de malestar permanente en su paciente, aunque de momento no había llegado a desarrollar una enfermedad física. El terapeuta radiónico que lo trataba no conseguía averiguar la procedencia ni las causas de esta situación, por lo que pidió la ayuda de otro terapeuta, también radiónico, para ver de solucionar el problema. Después de muchas pruebas y estudios descubrieron que el paciente, como ya hemos dicho un personaje público, tenía hechas unas fotos que servían de publicidad para un artículo del comercio y estas fotos llevaban un código de barras. Quizá un solo código no sea suficiente para enfermar a una persona, pero si este se multiplica por 10.000, y además aplicado a una foto, que, como sabemos, puede funcionar como testigo de una persona en los análisis y tratamientos radiónicos, tenemos una poderosa acción negativa sobre el individuo.

Como consecuencia de esto, se elaboró un sistema para neutralizar los efectos del código de barras de las fotos, las ya vendidas y las que quedaban por vender, y para eliminar la energía negativa que se había ido acumulando sobre este paciente. Finalmente después de un periodo de tratamiento radiónico en este sentido, el proceso canceroso del aura desapareció.

Según el Dr. Ray Quinton, ingeniero electrónico, que en los años ’60 había colaborado a desarrollar el sistema de circuitos para la lectura y comparación de la información contenida en los textos antiguos para usos militares, el código de barras en sí es perjudicial, ya que no deja de ser un dibujo geométrico, y al igual que otros, emite las llamadas “ondas de forma”. Pero los dibujos creados para emitir ondas de forma están estudiados para emitir ondas beneficiosas para el receptor, por consiguiente llevan codificada la información adecuada. Los códigos de barras por el contrario llevan codificada información sin pensar en los efectos que pueda tener, por tanto los efectos radiónicos emitidos son casuales, en el sentido de que no han sido diseñados para mejorar la salud. Además los efectos emitidos son bastante poderosos a nivel radiónico, y una dosis elevada puede efectivamente producir daños considerables.

Este efecto radiónico es activado por el movimiento de la luz, por lo cual el láser activa la toxicidad bioenergética del código de barras.Esto significa que todos nosotros, en mayor o menor medida, estamos influidos por la presencia de los innumerables códigos de barras que nos acechan en cualquier parte y en cualquier momento.

La Radiónica sigue estudiando el problema, y ya ha encontrado modos para neutralizar la acción de los códigos de barras. Sin embargo hay que ser prudente, la eliminación física repentina de los códigos de barras de los artículos que tenemos en casa puede también entrañar peligros, ya que existe la posibilidad de interactuar con cientos de códigos al mismo tiempo y crear desequilibrios.

La solución a este problema está todavía lejos.

1 Para más información ver Robert van Kampen, The Sign, 1992, p. 231.

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